Somos el Club Atlético Nueva Chicago, el Torito de Mataderos. Nacimos el 1 de julio de 1911 y desde entonces el verde y negro se mezclan con el olor a asado, los camiones del Mercado de Hacienda, la Feria, las calles empinadas de Justo Suárez y la voz de una hinchada que no se negocia.
Chicago fue tema de conversación en muchas casas de Mataderos durante generaciones. De abuelos a padres, de padres a hijos y de hijos a nietos, la historia se repite: alguien un día te lleva por primera vez a la cancha y ya no volvés a ser el mismo. Para muchos vecinos, aferrarse a Chicago fue también una forma de esquivar los peligros de la calle y encontrar en el club un refugio, una familia y una identidad.
Dicen que a Chicago se lo quiere o se lo odia, pero nunca se lo puede ignorar. Esa frase resume bien lo que somos.
A fines del siglo diecinueve, en una zona todavía vacía del sudoeste porteño, se instala un gran matadero que cambiaría todo. Con el correr de los años, ese complejo ganadero empezó a compararse con la ciudad de Chicago, en Estados Unidos, por su peso en la industria de la carne. Así nació la denominación Nueva Chicago para el barrio que luego conoceríamos como Mataderos.
En ese contexto de trabajo duro y juventud inquieta llegó la fiebre del fútbol. El 1 de julio de 1911, un grupo de pibes de entre quince y veinte años se reunió en un puente de madera sobre el arroyo Cildáñez y tomó una decisión que marcaría para siempre al barrio: fundar un club. El acta n.º 1 de Los Unidos de Nueva Chicago conserva nombres que hoy son parte de nuestra historia: Rodríguez, Varela, Maglio, Cambiazo, Carini, Lespy y varios más.
Al principio todo fue a pulmón. La primera cancha estable llegó en 1913, en Piedrabuena y Campana, donde el club permaneció más de veinte años. Hubo momentos difíciles, incluso una desafiliación que obligó a recomenzar, pero el Torito crecía: en los años veinte ya reunía cientos de socios y un capital social importante para la época. Chicago se estaba convirtiendo en el espejo deportivo y social del barrio.
Nuestro nombre también cuenta una historia. Al principio nos llamábamos Foot-ball Club Los Unidos de Nueva Chicago. Después de la primera gran sanción deportiva, la Asociación no permitió seguir con esa denominación y el club pasó a llamarse Foot-ball Club Nueva Chicago. La marca definitiva, Club Atlético Nueva Chicago, llegó en 1930 y nos acompaña hasta hoy.
Los colores nacieron de una escena bien de barrio. Mientras los fundadores discutían qué camiseta usar, algunos querían copiar a Alumni y otros proponían alternativas. En medio de ese debate, pasó una chata negra cargada de fardos, manejada por Leopoldo Rondán. José María Varela la miró y sentenció que esos serían los colores de Chicago. Desde ese momento, el verde y el negro se hicieron inseparables del club y de Mataderos.
Las primeras camisetas eran irregulares: bastones desparejos, tonos diferentes, cada jugador vestido casi a su manera. Con el tiempo se fueron asentando las rayas angostas verde y negras y se fijó una idea de uniforme que, más allá de los cambios de diseño, ya es parte de la identidad del Torito.
El escudo también tuvo sus transformaciones. Hubo versiones con las siglas CANC, otras con diferentes cantidades de bastones y, desde la década del ochenta, el modelo que todos reconocemos hoy. En los últimos años se le sumó una estrella sobre la insignia, recordando el título de copa nacional de Primera División conseguido en 1933.
Y si hablamos de simbología, hay un protagonista imposible de omitir: el toro. El apodo Torito de Mataderos llega desde Justo Suárez, el primer gran ídolo popular del deporte argentino, boxeador del barrio, que dio orgullo a todo Mataderos. Su figura quedó tan ligada al lugar que el club heredó el sobrenombre y lo hizo propio. Hoy el toro está en banderas, murales, escudos alternativos, en la manga inflable del estadio y en la imaginación de cada hincha.
Desde 1913, Nueva Chicago participa en competencias oficiales. Empezó en las divisiones menores de la Asociación Argentina de Football, subió rápido los peldaños y en 1919 logró su primer gran salto: el ascenso a Primera División. Lo hizo a toda velocidad, llegando a la máxima categoría en apenas ocho años y unos pocos días desde la fundación, un récord nacional para un club que arrancó desde la cuarta división.
El debut en Primera llegó en 1920, con campañas que alternaron buenos resultados, dificultades para conseguir cancha propia y noches de gloria frente a los grandes. En 1921, el equipo terminó cuarto y consiguió un triunfo histórico sobre Boca Juniors en la vieja Bombonera de Brandsen y Del Crucero. Ese mismo año, Chicago fue finalista de la Copa de Competencia Jockey Club.
En 1925, el Torito estuvo otra vez a un paso del título de liga. Compartió el primer puesto con Huracán en un torneo donde Boca realizó su famosa gira por Europa. El desempate entre Chicago y el Globo, jugado recién en 1926, terminó envuelto en incidentes, discusiones y decisiones polémicas que la historia del fútbol argentino recuerda como una de las finales más accidentadas de todos los tiempos. Para muchos hinchas de Mataderos, aquel equipo quedó como el campeón moral.
Tras cambios de asociación, descensos y nuevas peleas, Chicago se consagró campeón de la “Sección B” en 1930 y consiguió otro ascenso a Primera, derrotando a All Boys en un partido definitorio en la vieja cancha de River. Ese plantel, con camisetas todas distintas, quedaría grabado como uno de los símbolos de la etapa amateur.
El mayor logro llegó en 1933, cuando la Asociación organizó dos torneos de Primera División, uno de liga y otro de copa. En la Copa de Competencia Jockey Club, Chicago superó la fase de grupos, quedó libre en semifinales y en la final venció a Banfield por uno a cero en la cancha de Almagro. Ese título, última edición de la histórica copa, es reconocido como campeonato oficial de Primera División y ubica al Torito dentro del grupo de clubes campeones del máximo nivel del fútbol argentino.
Con el nacimiento de la AFA en 1934, Chicago se asentó en la Segunda División, luego llamada Primera B. Allí se construyó gran parte de nuestra historia. El club acumula el récord nacional de temporadas en el segundo escalón, superando las setenta participaciones, y también fue el que más jugó, más ganó y más puntos sumó en la vieja Primera B.
En 1958, un subcampeonato dejó una marca inolvidable. La delantera Daquarti, Calandria, San Lorenzo, D’Ascenzo y Casanova se ganó un lugar en la memoria del Ascenso por la cantidad de goles, la elegancia del juego y la identificación con el público. Unos años más tarde, en 1962, gran parte del plantel viajaría a Lima para representar a la Argentina en el Sudamericano de Primera B, logrando un subcampeonato continental.
En 1981 llegó otro hito: campeón de Primera B y ascenso a Primera División después de casi medio siglo. De ahí en adelante, el club alternó entre B Metropolitana, B Nacional y Primera, sumando nuevas promociones a la máxima categoría en 2001, 2006 y 2014.
La campaña 2013–2014 fue bautizada por muchos como “el Barcelona de la B” por el estilo de juego de ese equipo que primero subió de la tercera categoría a la B Nacional y enseguida, en 2014, volvió a Primera División. Con los años, Chicago sumó doce ascensos, seis de ellos a Primera, y se consolidó como uno de los grandes del Ascenso.
A lo largo de más de un siglo, Chicago tuvo jugadores y entrenadores que marcaron época. En los primeros años, nombres como Sergio Varela, Juan Locatti o Antonio López fueron referentes de aquel equipo que peleaba de igual a igual con los grandes.
En los años veinte, Emilio Solari se convirtió en el primer capitán campeón de la Selección Argentina mientras jugaba en Chicago, levantando el Sudamericano de 1921, la actual Copa América. Ningún otro club puede decir que su capitán también fue el capitán de la selección en el primer título oficial del país.
Más adelante llegarían otras figuras, como la delantera del cincuenta y ocho o Mario Franceschini, goleador del campeonato en 1981. Entrenadores como Roberto Ferreiro, entre otros, dejaron una impronta fuerte en equipos que ascendieron jugando bien y respetando la identidad del Torito.
Las divisiones inferiores, con base en el polideportivo y las canchas del club, siguen siendo una parte central del proyecto deportivo. Año a año, pibes del barrio y de todo el oeste sueñan con ponerse la verdinegra en Primera y seguir la cadena de generaciones que ya viene de hace más de cien años.
La historia de Chicago también se escribe con dirigentes que se pusieron el club al hombro. Hubo nombres clave en momentos decisivos, como el Dr. Amadeo Cozza, que obtuvo la personería jurídica, y Guillermo López, que impulsó el estadio propio y el ascenso de categoría en la década del cuarenta.
Hoy la conducción está encabezada por Juan Ángel “Tito” Guerra como presidente, acompañado por vicepresidentes, vocales y comisiones que trabajan en áreas de fútbol, infraestructura, cultura, educación, comunicación y vida social. El club mantiene un organigrama amplio, con participación de socios y distintas subcomisiones, que sostiene tanto la actividad deportiva profesional como la amateur y comunitaria.
El corazón del club es el Estadio Nueva Chicago, inaugurado oficialmente en 1940 en Justo Suárez 6900. Rodeado por la Avenida General Paz, la Avenida de los Corrales, la Avenida Eva Perón, el barrio Los Perales y a pocas cuadras de la Feria de Mataderos, el estadio es un símbolo del oeste porteño.
La tribuna “República de Mataderos” aloja el grueso del público local y es uno de los lugares más emblemáticos del Ascenso argentino. Del otro lado, la cabecera “Mercado de Hacienda” conserva el vínculo con el origen ganadero del barrio. A lo largo de las décadas se fueron sumando tribunas de cemento, plateas, iluminación, vestuarios renovados y espacios para la prensa, hasta alcanzar una capacidad cercana a las treinta mil personas entre habilitación y aforo total.
Dentro del mismo predio funciona un gimnasio donde se practican diferentes deportes y actividades sociales. La sede social, ubicada sobre Lisandro de la Torre, concentra la administración, la presidencia y las oficinas de atención al socio.
El Parque Polideportivo Juan Bautista Alberdi completa la estructura. Allí se desarrollan competencias de básquet, vóley, hockey sobre césped, además de contar con pileta de natación, auditorio, biblioteca, buffet y la pensión para los juveniles. En el “Jardincito de Chicago” se educan los más chicos y el club ofrece apoyo escolar y propuestas culturales para adolescentes y adultos, reforzando su rol educativo en el barrio.
Chicago no se entiende sin su gente. La hinchada del Torito es reconocida en todo el país por su poder de convocatoria y su fidelidad. Hay imágenes que quedaron grabadas para siempre, como aquella cancha llena en 2004 pese al descenso, que llevó a que cada 26 de junio se celebre el Día del Hincha de Nueva Chicago.
Medios nacionales e internacionales han destacado muchas veces el fenómeno de la gente de Chicago, desde crónicas de televisión hasta revistas extranjeras que describen al hincha verdinegro como alguien que no comparte la pasión, sino que es Chicago y nada más.
Alrededor del club se teje también una red de peñas y filiales en todo el país: en barrios del conurbano bonaerense, en ciudades de Río Negro, Catamarca, Chaco, Santa Cruz, Chubut, Salta y muchos más. En varios lugares existen clubes amigos que llevan nuestros colores, nuestro escudo y hasta nuestro apodo, dando contención social a pibes y pibas de cada región. Es la prueba de que el sentimiento por Chicago ya no pertenece solo a Mataderos, sino que se extendió mucho más allá de la General Paz.
Aunque el fútbol masculino profesional sea la vidriera principal, el Club Atlético Nueva Chicago es una institución multideportiva. En el polideportivo y en las distintas sedes se desarrollan actividades como fútbol femenino, futsal, básquet, vóley, hockey, boxeo, gimnasia artística, danza, baby fútbol, karate, muay thai, kick boxing, patín, natación, tenis, skate, rollers y otras disciplinas que se van sumando según la demanda del barrio y de los socios.
Cada una de esas actividades lleva el verde y negro a nuevas generaciones, abre las puertas del club a familias enteras y mantiene vivo el espíritu de comunidad que estuvo presente desde aquel puente sobre el Cildáñez.
Chicago creció compitiendo con nombres que se hicieron clásicos con el tiempo. El duelo con All Boys, conocido como el Superclásico del Ascenso, es uno de los más antiguos y cargados de historia, con más de un siglo de enfrentamientos y una frontera simbólica que une y separa a Mataderos y Floresta por apenas unos kilómetros.
Con el paso de las décadas se consolidaron otras rivalidades fuertes, como la que nos une con Almirante Brown, atravesada por la convivencia diaria en el oeste del conurbano; el enfrentamiento con Chacarita Juniors, que tuvo una de sus cumbres en la promoción de 2012; los cruces intensos con Deportivo Morón; y los duelos históricos con Tigre, Vélez, Argentinos Juniors, Huracán, Platense, Los Andes y tantos otros.
Todas esas historias, con alegrías, dolores, ascensos, descensos y finales dramáticas, ayudaron a que Nueva Chicago sea considerado por la prensa y por otros clubes como uno de los grandes del Ascenso. No solo por los números, sino por el peso de su hinchada, su historia y su capacidad para llenar estadios en cualquier categoría.
Hoy, el Club Atlético Nueva Chicago sigue compitiendo en la Primera Nacional, con el Estadio Nueva Chicago como casa y el Torito de Mataderos como bandera. La institución mantiene viva su condición de campeón de copa nacional de Primera División, acumula doce ascensos en su historia y ostenta récords que hablan de su protagonismo en el fútbol argentino, especialmente en el segundo nivel.
Emilio Solari como capitán campeón de la Selección, los planteles que representaron al país en el Sudamericano de Primera B, los equipos que subieron jugando bien y los nombres que hicieron vibrar a la República de Mataderos son parte de un mismo hilo conductor.
Nueva Chicago es, sobre todo, una herencia. Empieza con un abuelo llevando a la cancha a un nieto, sigue con un padre que te agarra de la mano en Justo Suárez y se renueva cada vez que un pibe o una piba entra al polideportivo por primera vez con la camiseta verdinegra.
Somos el club que nació en un puente sobre el Cildáñez, que se hizo fuerte entre mataderos y frigoríficos, que levantó un estadio donde antes hubo un basural y que convirtió el verde y negro en una forma de vida.
Por eso, cuando alguien dice que Chicago le salvó la vida, en Mataderos nadie se sorprende. Porque ser de Chicago es eso: encontrar en el club una casa, un idioma propio y una pasión que no se explica, se vive.
Nueva Chicago, con orgullo te nombramos
tus blasones no tienen ya rival,
un crisol de voluntades invencibles
deportivas y socialmente sin igual.
Cubriremos tu bandera de laureles
y aclamada por tus glorias de campeón
paseará ya triunfadora, esplendorosa
y a su paso conquistando la afición.
Grandiosa Institución
tu nombre es rectitud,
gloria de Mataderos
fulgor de juventud.
Gallarda tu divisa
colores de campeón
tu escudo simboliza
Progreso y unión.
Nueva Chicago, sociedad de honrosa historia
vencedora tu enseña flameará
y en los campos deportivos victoriosa
por tu fama inigualable luchará.
Y por siempre tú serás el imbatible,
tus hazañas parangón nunca tendrán
para orgullo de esta patria soberana
que engalana con tus triunfos de titán.
Grandiosa Institución
tu nombre es rectitud,
gloria de Mataderos
fulgor de juventud.
Gallarda tu divisa
colores de campeón
tu escudo simboliza
Progreso y unión.
¡Nueva Chicago!
Letra: Isabelino Espinosa.
Música: Eduardo Pauloni.